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(Chimborazo-Riobamba) En la comunidad Lluquillay, localizada en el cantón Chunchi habita Manuel Quituisaca. A sus 91 años vive solo. Carecía de electricidad y hace pocos días atrás vio por primera vez encenderse una luz en su vivienda. La Empresa Eléctrica Riobamba S.A. realizó la ampliación y remodelación de redes del sector para dotarle de servicio eléctrico.

En una casa de adobe y techo de lata, ubicada en medio del campo, habita Manuel Pinduisaca. En una habitación de siete metros cuadrados, aproximadamente, se ubica su cama con pocas cobijas y con un colchón que probablemente ha sido testigo de varias décadas de sueños. A escasos pasos una cocina de leña. En el piso de tierra, dentro de este cuarto, rondan cuyes, de los cuales se aprovecha para su alimentación. En las paredes percudidas, con clavos, se sujetan algunas herramientas, retratos de su juventud y en una esquina cuelgan de un cordel sus prendas de vestir.

Este personaje de la comunidad Lluquillay, localizada en medio de las montañas del cantón Chunchi, provincia de Chimborazo, ha llevado una vida dedicada a la agricultura y crianza de animales para su sustento. A los 91 años su mente mantiene lucidez. Alguna vez tuvo una compañera, pero por circunstancias de la vida, en la década del 70, ella decidió alejarse. Nunca tuvo hijos. En la soledad lucha una batalla diaria contra las adversidades de la edad y las condiciones económicas.

En el ocaso del pasado 24 de agosto, se mostró carismático al recibir a seis personas inesperadas. “No he sabido que vienen, para hacer aunque sea una agüita” dijo él con una sonrisa en sus labios y voz entrecortada. A las 22:00 horas atendió a los visitantes en su patio, y en medio de la oscuridad fue necesario encender una linterna y las luces de los celulares para mantener el diálogo. Vestía una camisa desteñida y unos pantalones blancos que marcaban las huellas del trabajo diario en la tierra. Los pies descalzos pisaban algunas ramas, posiblemente la comida de sus compañeros de habitación.

Uno de aquellos visitantes era Marco Salao, gerente de la Empresa Eléctrica Riobamba S.A. (EERSA), acompañado por el equipo técnico de la institución y personal del programa de Gobierno Misión Ternura, que trabaja en salud, nutrición, aprendizaje, seguridad temprana de los niños en condiciones vulnerables, desde la concepción hasta los tres años. Fueron ellos quienes canalizaron las gestiones para llegar hasta la vivienda de este adulto mayor.

Don Manuel relató que hace algunos años atrás, cuando el entonces INECEL (Instituto Ecuatoriano de Electrificación) instaló la energía eléctrica en su comunidad, nunca solicitó el servicio por sus escasos recursos, “para no quedar mal con las obligaciones de la luz”, dijo, pese a que los postes de madera cruzan por sus terrenos. A su edad y condición física demandaban la necesidad de contar con luz, además que es uno de sus derechos otorgados en la Constitución ecuatoriana para asegurar una vida digna.

En su mirada pude percibir paz y alegría, pero al mismo tiempo dolor y tristeza por la vida y las circunstancias que tuvo que pasar”, dijo el gerente de la EERSA. Relató que aquella noche conversaron de su vida, algunas anécdotas de su juventud y las actuales condiciones. No fue una conversación corta, y en su despedida, la autoridad de la institución eléctrica manifestó que la próxima visita será cuando se le conceda la esperanza de contar con energía. “Situaciones como estas conmueven a las personas y en la Empresa Eléctrica tomamos la decisión de trabajar y establecer procedimientos y documentos que permitan dar una atención prioritaria a estos grupos vulnerables”, aseguró.

Dentro de la institución se realizaron los trámites necesarios para brindar atención al requerimiento. El pasado 25 de octubre, el personal operativo de la Empresa Eléctrica Riobamba S.A. que labora en la Agencia de Chunchi, acudió hacia la vivienda de Manuel para ejecutar la ampliación y remodelación de redes que permitan llevar la electricidad a la vivienda, colocaron un medidor y realizaron las instalaciones eléctricas internas con cables, un tomacorriente y boquillas para los focos. El material para el interior de la casa fue donado por funcionarios de la Jefatura Política del cantón.

En un nuevo recorrido por Chunchi, el viernes 26 de octubre, Marco Salao acudió nuevamente a la comunidad Lluquillay. “Llegamos en la noche igual, con el equipo, y esta vez con alegría vimos que su vivienda tenía luz. Nos conversó muchas historias de su vida y nos pidió que la próxima ocasión que le visitemos llevemos un radio que no sea de pilas, que sea de energía continua porque ya tiene tomacorrientes. Él está solo y decía que la radio escucha y se entera de lo que pasa en el mundo” contó.

Situaciones similares se encuentran en Chimborazo. En el mismo Chunchi, en las comunidades Verdepamba y Magna, habitan adultos mayores y familias de escasos recursos que carecen de electricidad. Así mismo, en la parroquia Flores del catón Riobamba viven dos personas de 90 años en similares condiciones. “Casos como estos hay muchos, y los que estén en la provincia, hacemos el esfuerzo para poder atenderlos, dentro de las competencias que nos amparan”, aseguró Salao.

Además, el administrador de la EERSA explicó que para solventar la demanda de energía de las personas en condiciones vulnerables se realiza un trabajo conjunto con la Gobernación de Chimborazo y el proyecto del Gobierno Nacional, Misión Ternura. Para atenderlos, dentro de la institución eléctrica se buscan los mecanismos administrativos que permitan satisfacer esta necesidad.

Comúnmente, el marco regulatorio establece el cumplimiento de varios requisitos para suministrar un nuevo servicio de electricidad a los clientes: documentos personales, demostrar propiedad sobre el bien, cumplir el margen normativo que establece la ley para brindar el servicio, como ubicarse a una distancia máxima de 250 metros con referencia al transformador. Sin embargo, la voluntad de servicio permite atender a Manuel y otros casos similares, para que ellos accedan a condiciones dignas de vida.